Robert Whitaker | Periodista de investigación
assemblea de sonats és una organització sense ànim de lucre que té una tendència reivindicativa i social.
lunes, 11 de julio de 2016
jueves, 23 de junio de 2016
asamblea general del colectivo imaginave 30 junio 2016
ORDEN DEL DÍA DE LA ASAMBLEA GENERAL 30 de junio de 2016
-Presentación documentación historia y proyectos del colectivo
Al ayuntamiento y la generalitat
Documento grafico
Para la inclusión en la taula de solidaritat y así poder optar a subvenciones.
-propuestas de creación de nuevos talleres
Informática
Expresión corporal
Grupos de apoyo mutuo
Grupo de escuchadores de voces
Etc.
Renovación de estatutos
Nueva sede social
Elección de junta directiva
Nuevo presidente
-Presentación documentación historia y proyectos del colectivo
Al ayuntamiento y la generalitat
Documento grafico
Para la inclusión en la taula de solidaritat y así poder optar a subvenciones.
-propuestas de creación de nuevos talleres
Informática
Expresión corporal
Grupos de apoyo mutuo
Grupo de escuchadores de voces
Etc.
Renovación de estatutos
Nueva sede social
Elección de junta directiva
Nuevo presidente
domingo, 3 de abril de 2016
domingo, 7 de febrero de 2016
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Todo empezó con dos preguntas. ¿Cómo es posible que los pacientes de
esquizofrenia evolucionen mejor en países donde se les medica menos,
como India o Nigeria, que en países como Estados Unidos? ¿Y cómo se
explica, tal y como proclamó en 1994 la Facultad de Medicina de Harvard,
que la evolución de los enfermos de esquizofrenia empeorara con la
implantación de medicaciones, con respecto a los años setenta? Estas dos
preguntas inspiraron a Robert Whitaker para escribir una serie de
artículos en el Boston Globe —finalista en el Premio Pulitzer al
Servicio Público— y dos polémicos libros. El segundo, Anatomía de una
epidemia, que ahora edita, actualizado, Capitán Swing en España, fue
galardonado como mejor libro de investigación en 2010 por editores y
periodistas norteamericanos.
En el curso de esa indagación, una cascada de datos demoledores: en
1955 había 355.000 personas en hospitales con un diagnóstico
psiquiátrico; en 1987, 1.250.000 recibían pensiones en EE UU por
discapacidad debida a enfermedad mental; en 2007 eran 4 millones. El año
pasado, 5. ¿Qué estamos haciendo mal?
Whitaker (Denver, Colorado, 1952) se presenta, humildemente, las manos en los bolsillos, en un hotel de Alcalá de Henares. Su cruzada contra las pastillas como remedio de las enfermedades mentales no va por mal camino. Prestigiosas escuelas médicas ya le invitan a que explique sus trabajos. “El debate está abierto en EE UU. La psiquiatría está entrando en nuevo periodo de crisis en ese país porque la historia que nos ha contado desde los ochenta ha colapsado”.
Pregunta. ¿En qué consiste esa historia falsa que, dice usted, nos han contado?
Respuesta. La historia falsa en EE UU y en parte del mundo desarrollado es que la causa de la esquizofrenia y la depresión es biológica. Se dijo que se debían a desequilibrios químicos en el cerebro; en la esquizofrenia, por exceso de dopamina; en la depresión, por falta de serotonina. Y nos dijeron que teníamos fármacos que resolvían el problema como lo hace la insulina con los diabéticos.
P. En Anatomía de una epidemia viene a decir que los psiquiatras aceptaron la teoría del desequilibrio químico porque prescribir pastillas les hacía parecer más médicos, los homologaba con el resto de la profesión.
R. Los psiquiatras, en Estados Unidos y en muchos otros sitios, siempre tuvieron complejo de inferioridad. El resto de médicos solían mirarlos como si no fueran auténticos médicos. En los setenta, cuando hacían sus diagnósticos basándose en ideas freudianas, se les criticaba mucho. ¿Y cómo podían reconstruir su imagen de cara al público? Se pusieron la bata blanca, que les daba autoridad. Y empezaron a llamarse a sí mismos psicofarmacólogos cuando empezaron a prescribir pastillas. Mejoró su imagen. Aumentó su poder. En los ochenta empezaron a publicitar su modelo y en los noventa la profesión ya no prestaba atención a sus propios estudios científicos. Se creyeron su propia propaganda.
P. Pero esto es mucho decir, ¿no? Es afirmar que los
profesionales no tuvieron en cuenta el efecto que esos fármacos podían
tener en la población.
R. Es una traición. Fue una historia que mejoró la imagen pública de la psiquiatría y ayudó a vender fármacos. A finales de los ochenta se vendían 800 millones de dólares al año en psicofármacos; 20 años más tarde se gastaban 40.000 millones.
P. Y ahora afirma usted que hay una epidemia de enfermedades mentales creada por los propios fármacos.
R. Si se estudia la literatura científica se observa que ya llevamos 50 años utilizándolos. En general, lo que hacen es aumentar la cronicidad de estos trastornos.
P. ¿Qué le dice usted a la gente que está medicándose? Algunos tal vez no la necesiten, pero otros tal vez sí. Este mensaje, mal entendido, puede ser peligroso.
R. Sí, es verdad, puede ser peligroso. Bueno, si la medicación le va bien, fenomenal, hay gente a la que le sienta bien. Además, el cerebro se adapta a las pastillas, con lo cual retirarla puede tener efectos severos. De lo que hablamos en el libro es del resultado en general. Yo no soy médico, soy periodista. El libro no es de consejos médicos, no es para uso individual, es para que la sociedad se pregunte: ¿hemos organizado la atención psiquiátrica en torno a una historia que es científicamente cierta o no?
El recorrido de Whitaker no ha sido fácil. Aunque su libro esté altamente documentado, aunque fuera multipremiado, desafió los criterios de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) y los intereses de la industria farmacéutica.
Pero, a estas alturas, se siente recompensado. En 2010, sus postulados eran vistos, dice, como una “herejía”. Desde entonces, nuevos estudios han ido en la dirección que él apuntaba —cita a los psiquiatras Martin Harrow o Lex Wunderink; y apunta que el prestigioso British Journal of Psychiatry ya asume que hay que repensar el uso de los fármacos—. “Las pastillas pueden servir para esconder el malestar, para esconder la angustia, pero no son curativas, no producen un estado de felicidad”.
P. ¿Vivimos en una sociedad en la que necesitamos pensar que las pastillas pueden resolverlo todo?
R. Nos han alentado a que lo pensemos. En los cincuenta se produjeron increíbles avances médicos, como los antibióticos. Y en los sesenta, la sociedad norteamericana empezó a pensar que había balas mágicas para curar muchos problemas. En los ochenta se promocionó la idea de que si estabas deprimido, no era por el contexto de tu vida, sino porque tenías una enfermedad mental, era cuestión química, y había un fármaco que te haría sentir mejor. Lo que se promocionó, en realidad, en Estados Unidos, fue una nueva forma de vivir, que se exportó al resto del mundo. La nueva filosofía era: debes ser feliz todo el tiempo, y, si no lo eres, tenemos una píldora. Pero lo que sabemos es que crecer es difícil, se sienten todo tipo de emociones y hay que aprender a organizar el comportamiento.
P. Buscamos el confort y el mundo se va pareciendo al que describió Aldous Huxley en Un mundo feliz…
R. Desde luego. Hemos perdido la filosofía de que el sufrimiento es parte de la vida, de que a veces es muy difícil controlar tu mente; las emociones que sientes hoy pueden ser muy distintas de las de la semana o el año que viene. Y nos han hecho estar alerta todo el rato con respecto a nuestras emociones.
P. Demasiado centrados en nosotros mismos…
R. Exacto. Si nos sentimos infelices, pensamos que algo nos pasa. Antes la gente sabía que había que luchar en la vida; y no se le inducía tanto a pensar en su estado emocional. Con los niños, si no se portan bien en el cole o no tienen éxito, se les diagnostica déficit de atención y se dice que hay que tratarlos.
P. ¿La industria o la APA están creando nuevas enfermedades que en realidad no existen?
R. Están creando mercado para sus fármacos y están creando pacientes. Así que, si se mira desde el punto de vista comercial, el suyo es un éxito extraordinario. Tenemos pastillas para la felicidad, para la ansiedad, para que tu hijo lo haga mejor en el colegio. El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es una entelequia. Antes de los noventa no existía.
P. ¿La ansiedad puede desembocar en enfermedad?
R. La ansiedad y la depresión no están tan lejos la una de la otra. Hay gente que experimenta estados avanzados de ansiedad, pero estar vivo es muchas veces estar ansioso. Empezó a cambiar con la introducción de las benzodiacepinas, con el Valium. La ansiedad pasó de ser un estado normal de la vida a presentarse como un problema biológico. En los ochenta, la APA coge este amplio concepto de ansiedad y neurosis, que es un concepto freudiano, y empieza a asociarle enfermedades como el trastorno de estrés postraumático. Pero no hay ciencia detrás de estos cambios.
Whitaker (Denver, Colorado, 1952) se presenta, humildemente, las manos en los bolsillos, en un hotel de Alcalá de Henares. Su cruzada contra las pastillas como remedio de las enfermedades mentales no va por mal camino. Prestigiosas escuelas médicas ya le invitan a que explique sus trabajos. “El debate está abierto en EE UU. La psiquiatría está entrando en nuevo periodo de crisis en ese país porque la historia que nos ha contado desde los ochenta ha colapsado”.
Pregunta. ¿En qué consiste esa historia falsa que, dice usted, nos han contado?
Respuesta. La historia falsa en EE UU y en parte del mundo desarrollado es que la causa de la esquizofrenia y la depresión es biológica. Se dijo que se debían a desequilibrios químicos en el cerebro; en la esquizofrenia, por exceso de dopamina; en la depresión, por falta de serotonina. Y nos dijeron que teníamos fármacos que resolvían el problema como lo hace la insulina con los diabéticos.
P. En Anatomía de una epidemia viene a decir que los psiquiatras aceptaron la teoría del desequilibrio químico porque prescribir pastillas les hacía parecer más médicos, los homologaba con el resto de la profesión.
R. Los psiquiatras, en Estados Unidos y en muchos otros sitios, siempre tuvieron complejo de inferioridad. El resto de médicos solían mirarlos como si no fueran auténticos médicos. En los setenta, cuando hacían sus diagnósticos basándose en ideas freudianas, se les criticaba mucho. ¿Y cómo podían reconstruir su imagen de cara al público? Se pusieron la bata blanca, que les daba autoridad. Y empezaron a llamarse a sí mismos psicofarmacólogos cuando empezaron a prescribir pastillas. Mejoró su imagen. Aumentó su poder. En los ochenta empezaron a publicitar su modelo y en los noventa la profesión ya no prestaba atención a sus propios estudios científicos. Se creyeron su propia propaganda.
“Están creando mercado para sus fármacos y están creando pacientes. Es un éxito comercial
R. Es una traición. Fue una historia que mejoró la imagen pública de la psiquiatría y ayudó a vender fármacos. A finales de los ochenta se vendían 800 millones de dólares al año en psicofármacos; 20 años más tarde se gastaban 40.000 millones.
P. Y ahora afirma usted que hay una epidemia de enfermedades mentales creada por los propios fármacos.
R. Si se estudia la literatura científica se observa que ya llevamos 50 años utilizándolos. En general, lo que hacen es aumentar la cronicidad de estos trastornos.
P. ¿Qué le dice usted a la gente que está medicándose? Algunos tal vez no la necesiten, pero otros tal vez sí. Este mensaje, mal entendido, puede ser peligroso.
R. Sí, es verdad, puede ser peligroso. Bueno, si la medicación le va bien, fenomenal, hay gente a la que le sienta bien. Además, el cerebro se adapta a las pastillas, con lo cual retirarla puede tener efectos severos. De lo que hablamos en el libro es del resultado en general. Yo no soy médico, soy periodista. El libro no es de consejos médicos, no es para uso individual, es para que la sociedad se pregunte: ¿hemos organizado la atención psiquiátrica en torno a una historia que es científicamente cierta o no?
El recorrido de Whitaker no ha sido fácil. Aunque su libro esté altamente documentado, aunque fuera multipremiado, desafió los criterios de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) y los intereses de la industria farmacéutica.
Pero, a estas alturas, se siente recompensado. En 2010, sus postulados eran vistos, dice, como una “herejía”. Desde entonces, nuevos estudios han ido en la dirección que él apuntaba —cita a los psiquiatras Martin Harrow o Lex Wunderink; y apunta que el prestigioso British Journal of Psychiatry ya asume que hay que repensar el uso de los fármacos—. “Las pastillas pueden servir para esconder el malestar, para esconder la angustia, pero no son curativas, no producen un estado de felicidad”.
P. ¿Vivimos en una sociedad en la que necesitamos pensar que las pastillas pueden resolverlo todo?
R. Nos han alentado a que lo pensemos. En los cincuenta se produjeron increíbles avances médicos, como los antibióticos. Y en los sesenta, la sociedad norteamericana empezó a pensar que había balas mágicas para curar muchos problemas. En los ochenta se promocionó la idea de que si estabas deprimido, no era por el contexto de tu vida, sino porque tenías una enfermedad mental, era cuestión química, y había un fármaco que te haría sentir mejor. Lo que se promocionó, en realidad, en Estados Unidos, fue una nueva forma de vivir, que se exportó al resto del mundo. La nueva filosofía era: debes ser feliz todo el tiempo, y, si no lo eres, tenemos una píldora. Pero lo que sabemos es que crecer es difícil, se sienten todo tipo de emociones y hay que aprender a organizar el comportamiento.
P. Buscamos el confort y el mundo se va pareciendo al que describió Aldous Huxley en Un mundo feliz…
R. Desde luego. Hemos perdido la filosofía de que el sufrimiento es parte de la vida, de que a veces es muy difícil controlar tu mente; las emociones que sientes hoy pueden ser muy distintas de las de la semana o el año que viene. Y nos han hecho estar alerta todo el rato con respecto a nuestras emociones.
P. Demasiado centrados en nosotros mismos…
R. Exacto. Si nos sentimos infelices, pensamos que algo nos pasa. Antes la gente sabía que había que luchar en la vida; y no se le inducía tanto a pensar en su estado emocional. Con los niños, si no se portan bien en el cole o no tienen éxito, se les diagnostica déficit de atención y se dice que hay que tratarlos.
P. ¿La industria o la APA están creando nuevas enfermedades que en realidad no existen?
R. Están creando mercado para sus fármacos y están creando pacientes. Así que, si se mira desde el punto de vista comercial, el suyo es un éxito extraordinario. Tenemos pastillas para la felicidad, para la ansiedad, para que tu hijo lo haga mejor en el colegio. El trastorno por déficit de atención e hiperactividad es una entelequia. Antes de los noventa no existía.
P. ¿La ansiedad puede desembocar en enfermedad?
R. La ansiedad y la depresión no están tan lejos la una de la otra. Hay gente que experimenta estados avanzados de ansiedad, pero estar vivo es muchas veces estar ansioso. Empezó a cambiar con la introducción de las benzodiacepinas, con el Valium. La ansiedad pasó de ser un estado normal de la vida a presentarse como un problema biológico. En los ochenta, la APA coge este amplio concepto de ansiedad y neurosis, que es un concepto freudiano, y empieza a asociarle enfermedades como el trastorno de estrés postraumático. Pero no hay ciencia detrás de estos cambios.
jueves, 28 de enero de 2016
Al menos 17 personas mueren en Japón tras recibir inyecciones contra la esquizofrenia
Noticias como ésta dan mas ganas de luchar.
Contra los asesinatos de las farmacéuticas, salud y autogestión de la misma (la salud).La posible causa de las muertes es el medicamento Xeplion, de la multinacional Johnson & Johnson, autorizado en 78 países incluido España
Miércoles, 9 de abril del 2014 –
La filial japonesa de la firma Janssen Pharmaceuticals, laboratorio farmacéutico del grupo americano Johnson & Johnson, ha reconocido este miércoles que al menos 17 personas han muerto tras haber recibido una inyección de su medicamento Xeplion contra la esquizofrenia. Las muertes se han producido desde la introducción del medicamente el pasado noviembre.
Las inyecciones de Xeplion
se suministran como tratamiento, pero actualmente no es posible
concretar si es la causa directa de la muerte de los pacientes. El
tratamiento se aplicó en al menos 10.700 personas. Las causas de las
muertes son infarto de miocardio, embolias pulmonares y ahogos tras
vómitos. Las muertes se produjeron en torno a los 40 días tras el
suministro del medicamento.
Hasta junio del 2013, el Xeplion ha sido
aprobado en 78 países. En cualquier caso, los efectos secundarios
posibles del medicamento ya eran suficientemente importantes para
desestimar su uso regular. Entre esos efectos figuran el insomnio,
cefaleas, arritmias, agitación, somnolencia, nauseas, vértigo,
temblores, vómitos, infección de vías aéreas superiores, diarrea y
taquicardia.
El Xeplion se utiliza habitualmente en
España como tratamiento de mantenimiento para los síntomas de
esquizofrenia en pacientes adultos estabilizados con paliperidona o
risperidona.
martes, 27 de octubre de 2015
El Tribunal Constitucional anula un internamiento mental forzoso en Las Palmas. Octubre 2015.
El Constitucional ha resuelto
que los cinco días en los que permaneció internada forzosa por brote
psicótico una mujer en el Hospital Insular en 2014 vulneraron su derecho
a la libertad; la Justicia no tramitó a tiempo el expediente en plazo
–era fin de semana– y privó a la afectada de tutela judicial.
La Sala Segunda del Tribunal Constitucional ha estimado el recurso del Ministerio Fiscal contra las resoluciones del Juzgado de Primera Instancia número 12 de Las Palmas de Gran Canaria y de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Las Palmas que el 18 de junio de 2014 y el 28 de julio siguiente, respectivamente, autorizaron el internamiento psiquiátrico forzoso en el Hospital Insular de una mujer con una descompensación psicótica.
El Constitucional entiende que los órganos judiciales citados vulneraron el derecho fundamental a la libertad de la mujer al hacer una interpretación poco estricta del plazo que establece la ley para supervisar judicialmente un internamiento psiquiátrico forzoso –el caso llegó al Decanato judicial mediante informe del Insular el 13 de junio de 2014, pero como era viernes no llegó al juzgado en cuestión hasta el miércoles siguiente, 18 de junio–, proclama la vulneración del derecho constitucional de la paciente a la libertad, consagrado en el artículo 17 de la carta magna y, efectos «meramente declarativos» pues la paciente se recuperó sin consecuencias anula tanto la resolución del Juzgado autorizando el internamiento forzoso como la de la Audiencia confirmando su legitimidad.
El Constitucional recalca que el caso es baladí: «Nuestro pronunciamiento no tiene por objeto dirimir si el plazo para ratificar el internamiento involuntario comienza o no tras la entrada del asunto en el órgano judicial»; advierte, «la respuesta se proyecta sobre una dimensión distinta, en concreto, sobre si la exégesis realizada en el ámbito jurisdiccional es respetuosa con el sistema de garantías que el legislador ha diseñado, mediante la instauración de los plazos máximos contemplados en el articulo 763.1 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, para acomodar la privación de libertad por razón de trastorno psíquico a las exigencias impuestas por el artículo 17.1 de la Constitución».
Sin excusas. Recuerda la Sala que el fiscal se opuso a la ratificación judicial del internamiento no voluntario de la mujer argumentado, entre otras cuestiones, que entre la comunicación del Insular al Decanato informando del ingreso –el 13 de julio de 2014– y la ratificación judicial de su legitimidad –el 18 de junio– habían transcurrido más de las 72 horas establecidas por la ley como plazo máximo para la ratificación judicial del internamiento urgente.
El Juzgado y la Sala alegaron que el plazo era el correcto porque no debía empezar a contar desde que el Decanato recibía el fax del Insular, sino desde que el asunto había llegado oficialmente al Juzgado que debía resolver. El Constitucional discrepa de este criterio: «No puede mantenerse el confinamiento de la persona si a su expiración no se ha ratificado la medida, ni cabe aducir dificultades logísticas o excesiva carga de trabajo para justificar su demora», asevera.
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La Sala Segunda del Tribunal Constitucional ha estimado el recurso del Ministerio Fiscal contra las resoluciones del Juzgado de Primera Instancia número 12 de Las Palmas de Gran Canaria y de la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Las Palmas que el 18 de junio de 2014 y el 28 de julio siguiente, respectivamente, autorizaron el internamiento psiquiátrico forzoso en el Hospital Insular de una mujer con una descompensación psicótica.
El Constitucional entiende que los órganos judiciales citados vulneraron el derecho fundamental a la libertad de la mujer al hacer una interpretación poco estricta del plazo que establece la ley para supervisar judicialmente un internamiento psiquiátrico forzoso –el caso llegó al Decanato judicial mediante informe del Insular el 13 de junio de 2014, pero como era viernes no llegó al juzgado en cuestión hasta el miércoles siguiente, 18 de junio–, proclama la vulneración del derecho constitucional de la paciente a la libertad, consagrado en el artículo 17 de la carta magna y, efectos «meramente declarativos» pues la paciente se recuperó sin consecuencias anula tanto la resolución del Juzgado autorizando el internamiento forzoso como la de la Audiencia confirmando su legitimidad.
El Constitucional recalca que el caso es baladí: «Nuestro pronunciamiento no tiene por objeto dirimir si el plazo para ratificar el internamiento involuntario comienza o no tras la entrada del asunto en el órgano judicial»; advierte, «la respuesta se proyecta sobre una dimensión distinta, en concreto, sobre si la exégesis realizada en el ámbito jurisdiccional es respetuosa con el sistema de garantías que el legislador ha diseñado, mediante la instauración de los plazos máximos contemplados en el articulo 763.1 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, para acomodar la privación de libertad por razón de trastorno psíquico a las exigencias impuestas por el artículo 17.1 de la Constitución».
Sin excusas. Recuerda la Sala que el fiscal se opuso a la ratificación judicial del internamiento no voluntario de la mujer argumentado, entre otras cuestiones, que entre la comunicación del Insular al Decanato informando del ingreso –el 13 de julio de 2014– y la ratificación judicial de su legitimidad –el 18 de junio– habían transcurrido más de las 72 horas establecidas por la ley como plazo máximo para la ratificación judicial del internamiento urgente.
El Juzgado y la Sala alegaron que el plazo era el correcto porque no debía empezar a contar desde que el Decanato recibía el fax del Insular, sino desde que el asunto había llegado oficialmente al Juzgado que debía resolver. El Constitucional discrepa de este criterio: «No puede mantenerse el confinamiento de la persona si a su expiración no se ha ratificado la medida, ni cabe aducir dificultades logísticas o excesiva carga de trabajo para justificar su demora», asevera.
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miércoles, 7 de octubre de 2015
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